Se ha dicho mucho respecto a lo que, en esencia, diferencia a los hombres de las mujeres: sus respectivas maneras de reaccionar ante diferentes estímulos, e incluso de pensar (o de no hacerlo) y, en consecuencia, actuar.
Muchas mujeres se preguntan, por ejemplo, cómo se interpreta que algunos hombres mantengan sus autos absolutamente impecables y en prístinas condiciones, mientras que --en opinión de ellas, claro-- viven como puercos en sus casas. Lógicamente, no mencionan que para ellas el asunto es exactamente al revés.
"La red neuronal de los hombres tiende a hacerlos mejores en sistemas y conceptos, mientras que en las mujeres ese mismo tejido las hace industriosas y dadas a la empatía", explica el Simon Baron-Cohen Ph.D., en su libro "la diferencia esencial: el cerebro del hombre y de la mujer". Ello ayuda a entender por qué los hombres suelen enorgullecerse de sus máquinas, mientras que las mujeres tienden a mantener hogares limpios.
De hecho, un estudio conducido para BMV (en formato .pfd) por un equipo británico (que incluía a varios sicólogos de Oxford) encontró que los conductores varones sentían a sus coches como extensiones de sí mismos, mientras que las mujeres, cuya imagen de sí mismas está más conectada a sus cuerpos que en los hombres; los consideran entidades separadas, como explica el autor.
Y va más allá. Los hombres tienden a ser más agresivos (la historia del Perú sería un campo maravilloso para validar esta teoría) pues producen y son más sensibles a hormonas como la testosterona en ciertas partes del cerebro --particularmente en la zona del hipotálamo, asociada a la agresividad entre los animales--, lo que explica por qué sus gustos se inclinan hacia deportes violentos, como la lucha o el box, según sostiene Lucy L. Brown, Ph.D., profesora del departamento de neurología y neurociencia en la universidad de medicina Einstein in Nueva York.La respuesta histérica --para algunas-- que produce un gol del propio equipo en el arco contrario, se debe a que ello libera grandes cantidades de testosterona en el cerebro del hombre. Y la celebración será más histérica y más escandalosa y agresiva, mientras "menos físicamente competitiva sea la vida diaria del hombre", explica Brown. Parece que sí, después de todo este tiempo de descubrimientos e inventos, los hombres nos seguimos identificando con los ideales masculinos más primitivos: dominación, toma de riesgos y competencia.
Y todo ello también explica por qué un hombre está siempre (rara vez no lo está) a tener un encuentro sexual con alguien a quien probablemente nunca volverá a ver, mientras que las mujeres suelen estarlo menos: los machos buscan diseminar sus genes lo más que se pueda, mientras que las hembras buscan una pareja que pueda proteger a los posibles vástagos que ella pueda alumbrar. A la fecha, las cosas no han cambiado mucho.
Las diferencias físicas también juegan un rol: de acuerdo a Lisa Diamond, Ph.D., profesora asociada de sicología de la universidad de Utah, las ratas hembra tienen circuitos neuronales más extensos para transportar la oxytocina --que produce en los mamíferos la necesidad de agruparse y de ser gregarios y sociales-- que los machos pero, en los humanos, las mujeres muestra más producción de esta sustancia neuroquímica que los hombres durante el coito (especialmente durante el orgasmo).
La especialista en biología antropológica de la universidad de Rutgers, Helen Fisher, Ph.D. sostiene: "Ambos hemisferios cerebrales están mejor conectados en las mujeres que en los hombres. Eso les da a ellos la habilidad de enfocar su atención en una sola cosa a la vez y orientarse a los resultados, mientras que el cerebro de las mujeres está construido para asimilar muchos sentimientos a la vez, y conectar el sexo y el amor mucho más rápido".
Eso era. Y lo dicen mujeres.










